¿Cómo evitar que la tragedia de Indio Maíz se repita?

Indio Maíz

Este miércoles 3 de abril 2019 se cumple un año desde el inicio del devastador incendio en la Reserva Biológica Indio Maíz. En Nicaragua las quemas agrícolas son una práctica tan común como peligrosa para la vegetación aledaña y el avance de la frontera agrícola forma parte de la dinámica de los incendios forestales. Aun reconociendo los avances que han hecho los gremios agrícolas y ganaderos de este país, la deforestación es un hecho y las áreas quemadas son convertidas finalmente en pastizales o campos agrícolas.

Los gremios agropecuarios se enfrentan a patrones de comportamiento culturalmente arraigados en la realidad de muchos campesinos. Un ejemplo de este comportamiento es la comúnmente llamada “limpieza de un terreno”, refiriéndose con ello a la eliminación de la vegetación natural o de sucesión secundaria mediante la tala y quema. La eliminación de árboles como parte de la “limpieza” implica que los bosques son vistos por algunos como “monte”, como un estorbo, que muerto vale más que vivo, porque se prefiere tenerlo en cenizas y usar estas de abono para los cultivos. A esta realidad se suman los efectos dañinos de una práctica muy común entre cazadores que, para minimizar su esfuerzo, queman el bosque, para que en vez de tener que ir detrás de los animales, estos se acerquen a ellos cuando desesperadamente tratan de escapar de las llamas. 

Aunque el sector privado se comprometiera plenamente a incentivar un cambio en los patrones de comportamiento, es la función del sector público prevenir y responder de manera oportuna a los incendios forestales, sobre todo en áreas protegidas. La gestión pública ante el incendio en la Reserva Indio Maíz en abril del año pasado, donde se perdieron 5.945 hectáreas de bosque virgen, provocó una oleada de protestas estudiantiles, que es considerado por algunos como el antecedente a las protestas del 18 de abril. Para prevenir los incendios en áreas protegidas, el gobierno de Nicaragua lanzó a inicios de 2019 el “Plan de acción contra incendios forestales y agropecuarios en áreas protegidas” con el objetivo de “atender, mitigar y prevenir sobre los incendios forestales en áreas protegidas (y) zonas de amortiguamiento” .

Según el Ministerio de Ambiente, Nicaragua se propuso como meta en 2019 “reducir al menos en un 50 por ciento los incendios” comparado a 2018 . Esa meta es realmente ambiciosa, si se considera que hubo 33,426 incendios en el período del 8 de marzo de 2018 al 7 de marzo de 2019, de los cuales 25 por ciento fueron en áreas protegidas . Los departamentos más afectados por incendios en 2018 fueron: Juigalpa, Chontales, León, Chinandega, Nueva Segovia, Estelí, Madriz, Matagalpa . Tan solo en Managua, el Benemérito Cuerpo de Bomberos en 2018 atendió 102 incendios “forestales y de maleza”  y en la región segoviana se reportaron 94 incendios forestales y agropecuarios, afectando un total de 3,771 hectáreas de bosque y pastizales .

Para estimar el potencial de riesgo de incendios del año 2019 se deben considerar tanto los factores naturales como antropogénicos. En cuanto a los factores naturales los especialistas  resaltan el hecho que la escasez de precipitación en los últimos meses de 2018 conlleva una reducción de la humedad en la vegetación en pie. Esto combinado con las condiciones proyectadas de baja humedad, baja precipitación y considerables movimientos de masa de aire por las diferencias de presión atmosférica, aumentan la probabilidad de incendios en este año. Entre los factores antropogénicos predominan las quemas agrícolas y los llamados “garroberos”.

En algunas partes del país, se está registrando un aumento de los incendios forestales, como por ejemplo en Rivas, donde en los primeros dos meses de 2019 se registraron 25 incendios forestales, comparado únicamente con 11 para el mismo periodo en 2018. En este departamento, en lo que va del año se han afectado 700 manzanas de bosque y pastizales , incluyendo 24 manzanas de una reserva privada frente a playa El Gigante . Otro aspecto alarmante es que en lo que va del año 2019, ha habido incendios en sitios con especies únicas y con poca presencia en la mayor parte del territorio, como son las áreas de pino y manglar.  Ejemplo de esto, es un incendio forestal en Venecia, Estelí, que afectó a 250 manzanas de una de las últimas reservas de pino de la zona  y otro en Pine Wood Creek, Kukra Hill, donde se perdieron 4 manzanas de manglar a manos de “garroberos” .

Para alcanzar el ambicioso objetivo de reducción de incendios es vital que se trabaje en la prevención y la identificación de zonas de riesgo potenciales. Para definir las zonas de riesgo de incendio, la Mesa Nacional de Incendios Forestales considera dos variables claves: la ocurrencia e intensidad de vientos y la abundancia de vegetación seca. Si se aplica esta lógica, a los nueve municipios de Managua, por ejemplo, el mayor riesgo potencial de incendio existe en Tipitapa, San Rafael del Sur y Villa el Carmen . A la identificación de las zonas de riesgo, le debe seguir la elaboración de los planes de prevención, específicos de cada zona.

Solo el tiempo dirá si tendrá éxito el nuevo plan de acción contra incendios en áreas protegidas y si se alcanzará la meta de reducción propuesta. Lo que debemos considerar todos es que no queda mucho bosque primario en Nicaragua y que, si no logramos controlar pronto el problema de los incendios forestales y el avance de la frontera agrícola, los bosques primarios quedarán reducidos a unos cuantos parques nacionales pequeños en lugares turísticos. Pero mientras existan personas que reclamen por los derechos de las áreas protegidas, existe esperanza que la tragedia de Indio Maíz no se repita.