Apuntes sobre las mediciones de bienestar y pobreza ante el IPS 2015

Juan S Chamorro Ph.D.

El Índice de Progreso Social es el resultado de un trabajo que persigue ilustrarnos como están los países en materia de progreso social.  Entendiendo progreso social como el producto o resultado que las actividades económicas, sociales y políticas generan en el estado de las personas, en especial sus capacidades para poder desarrollarse plenamente como seres humanos.

Este índice forma parte de ese esfuerzo de economistas por más de ochenta años buscan un número, un indicador que nos permita comparar a las distintas sociedades y que podamos agruparlas o categorizarlas.  Para que puedan apreciar en su verdadera dimensión el trabajo realizado detrás del Índice de Progreso Social, quisiera  tomarme un tiempo para hacer una reseña histórica de estos esfuerzos.

Está en lo correcto Michael Greene, Director Ejecutivo del Índice de Progreso Social cuando dice que no se imaginaba Simon Kuznets de la revolución que generaría hace ochenta años cuando propuso el concepto de Producto Interno Bruto.  Desde ese momento el PIB y el PIB Per Cápita se ha convertido en sinónimo de la actividad económica, del progreso relativo y de la riqueza.  Ha resistido el embate de las críticas por años y sigue siendo aún hoy la referencia más usada para comparar países.

En su trabajo sobre bienestar y pobreza, el Nobel de Economía Amartya Sen mostraba una tabla muy convincente: mientras el  Producto Nacional Bruto Por Persona de China en 1984 era de $310, la esperanza de vida era de 69 años, África del Sur ese mismo año tenía un Producto Nacional Bruto de $2,340  es decir 7.5 veces mayor, pero una esperanza de vida de sólo 54 años, es decir 15 años menos.  Sen critica la relativa facilidad con la que aceptamos la asociación entre prosperidad en ingresos  y bienestar.

El problema se agudiza cuando el crecimiento del Producto Interno Bruto se quiere equiparar con desarrollo económico.  En primer lugar, de acuerdo a Sen, un crecimiento del PIB podría estar excluyendo bienes y servicios que no son transados en la economía formal. En segundo lugar, mediciones agregadas capturan únicamente los medios que poseen los miembros de una sociedad, no necesariamente los logros que ellos están obteniendo.  Este último punto es la piedra angular de la teoría de Sen de las “capacidades” (entitlements).

El economista austríaco Paul Streeten nos alerta que al concentrarnos en los ingresos, que son medios, nos puede llevar a no ver los fines del desarrollo.  Bajo la perspectiva de la persona como insumo de producción podemos priorizar algunos tipos de logros, como la educación y la buena salud por encima de otros logros de importancia, como la vivienda digna o no ser discriminado por sus creencias u orientaciones.

La discusión sobre el mejor indicador se ha mantenido a lo largo del tiempo y el reciente otorgamiento del Nobel de Economía a Angus Deaton, quien ha investigado los indicadores de bienestar, en especial los relacionados al consumo y la salud, es una prueba palpable que la búsqueda de un indicador de bienestar o progreso sigue siendo una tarea importante.

Sobre la controversia si el indicador debe ser monetario o de resultados sociales y humanos, algunos economistas se mantienen en el centro.  Debraj Ray otro economista hindú, por ejemplo, argumenta que analizar otras variables que no sean el ingreso es un camino correcto, pero sostiene que a lo largo del tiempo, se ha demostrado que el ingreso por persona sí está asociado con los indicadores sociales.  Ray nos recuerda sin embargo que en países en desarrollo, donde los sistemas impositivos son limitados, muchos de los ingresos no son reportados, y que la informalidad y el autoconsumo son razones para sospechar que la variable ingreso sufre de errores de medición considerables.  Y también está el problema de los precios.  Más que el reflejo de escases o abundancia de bienes, los precios en países en desarrollo pueden ser el resultado de prácticas monopólicas que implican menos bienestar.  Similarmente, debilidades institucionales pueden llevar a no considerar en los precios de los mercados los daños al medio ambiente o la no aplicación de leyes.

Estamos pues ante el dilema si lo que debemos medir es cantidad es decir PIB por persona en pesos y centavos o calidad, medido en indicadores sociales.

El énfasis en la calidad ha motivado revisiones a los principales indicadores de bienestar económico.  Hablando de una manera general, las alternativas al PIB se han centrado en dos líneas, la primera es la continuar con una medición de ingreso pero con modificaciones y la otra basada en indicadores humanos.

Los indicadores basados en el ingreso son modificaciones al PIB per cápita.  El objetivo es deducir actividades asociadas a menor bienestar.  Aquí tenemos el “Indicador del Progreso Genuino” y el “Índice de Bienestar Económico Sostenible”,  impulsado por ambientalistas.  Por algún tiempo tuvo popularidad el Producto Nacional Neto, que descuenta la depreciación de recursos naturales.

La segunda familia de indicadores se concentra en resultados, medidos como indicadores sociales y ponen un peso reducido al PIB o a veces ni lo consideran.  Tenemos por ejemplo el Índice de Desarrollo Humano del PNUD que incluye esperanza de vida, educación e inicialmente PIB per cápita que luego fue sustituido por el Ingreso Nacional Bruto.  Este indicador, además de tener el peso del sistema de NNUU detrás, es fácil de transmitir políticamente, aunque siempre deja la duda si es mejor verlos a cada uno de los indicadores por separados y evitarse la integración en un solo índice a veces difícil de entender.  El índice de desarrollo humano ha pasado por revisiones en el tiempo para incluir temas de desigualdad de ingresos y género en su estimación y sigue siendo un importante referente a nivel mundial.

Tenemos en este grupo el enfoque de las necesidades básicas insatisfechas, que se concentran en las bases materiales mínimas requeridas para alcanzar una vida funcional adecuada.  Su ventaja de concentrase en el individuo, se contrapone con la dificultad de comparar entre países.

Más recientemente una iniciativa que surgió de Oxford y que Naciones Unidas la ha adoptado es el Índice Multidimensional de Pobreza.  El IMP incorpora salud, educación y condiciones de vida, es decir mezcla elementos del IDH, excluye al PIB e incorpora elementos de las necesidades básicas insatisfechas como agua, electricidad y otras condiciones de la vivienda.  También es flexible en incorporar elementos propios de cada país.

Es muy importante resaltar que estos indicadores buscan medir cosas diferentes y que no se trata de ponerlos a competir a ver cuál es el más perfecto.  La complejidad del proceso de desarrollo obliga analizar múltiples dimensiones y cada indicador busca, desde una perspectiva particular, analizar el estado de la población y su bienestar.

Paralelamente a estos desarrollos en el avance de indicadores globales, han surgido otros índices multidimensionales específicos.  El índice de libertad económica, enfocado en instituciones, el índice de inequidad de género de NNUU, el índice de competitividad global, el índice doing business y el índice de felicidad bruta.  Todos ellos nos ayudan a ver el avance de un país en determinadas áreas, así como las políticas requeridas para acelerar el avance en lo económico, social, institucional o ambiental.

Los indicadores globales de medición de bienestar o prosperidad mencionados no incluyen elementos institucionales. Un indicador los debe incluir, ya que como sabemos, el capital social importa y las instituciones cuentan.  Igualmente deben en la medida de lo posible basarse en encuestas de hogares y considerar necesidades básicas, es decir centrarse en las personas y sus logros.

El Índice de Progreso Social es un esfuerzo de consolidar estos aspectos institucionales, de necesidades básicas y de fundamentos del bienestar.  Su énfasis en resultados tan diversos como la mortalidad materna, la biodiversidad y la libertad de expresión nos hace recordar que el desarrollo no solamente es complejo sino que además es el resultado de alcanzar múltiples objetivos.

Vemos como un elemento positivo detrás del IPS la rigurosidad académica, la integralidad de dimensiones y la forma amigable de la visualización de los datos.  Con esta iniciativa se ha logrado un avance en la forma como entendemos y medimos el desarrollo y el progreso social.

Por ello, el IPS debe verse como un complemento desde una perspectiva de progreso social y no como sustituto al PIB.  La complementariedad de indicadores nos ayudara a responder preguntas desde una variedad de ángulos.

Medir y comparar el bienestar entre países y dentro de los países siempre va a ser una tarea difícil y controversial, independientemente del indicador que se use. Indicadores que sean operables y de fácil interpretación son atributos deseables y no podemos esperar que uno sólo nos dé todas las respuestas, porque el desarrollo es multidimensional.

Los resultados que se presentan va a dar de que hablar y es apropiado que así sea.  Los que usen el índice global para decir si vamos bien o mal, es decir que le den una valoración única y definitiva, no habrán entendido la verdadera contribución del IPS, que es ver de una manera holística une serie de sub indicadores que nos permiten analizar en que estamos bien y en qué estamos mal.

Una última consideración sobre el IPS es que éste puede utilizarse, como se está usando ya, en otras en dimensiones más allá de la comparación entre países.  Podemos tener IPS por departamentos e incluso ciudades como en el caso de las principales ciudades de Colombia.  Incluso el IPS puede ayudar a definir políticas a nivel de empresas, ayudándolas a tener una política de responsabilidad social integral y sobre todo basada en resultados.

La agenda de investigación e incidencia de FUNIDES busca resaltar las fortalezas así como las debilidades de nuestro proceso de desarrollo que se muestran en indicadores como el Índice de Progreso Social.  Con la ayuda de estos indicadores, elaboramos propuestas que permitan al país salir adelante y alcanzar ese anhelo tan difícil de lograr que es la prosperidad y a reducción de la pobreza.