Unámonos para combatir la pobreza / Carlos Muñiz B. Director de FUNIDES

Luego de caer más del 50 por ciento en la década de los 1980‘s, nuestro ingreso por habitante se comenzó a recuperar en 1994 y desde ese entonces hemos crecido a una tasa promedio anual del 2.2 por ciento. Sin embargo este crecimiento ha sido insuficiente para revertir la caída de los 1980’s y reducir la pobreza en forma significativa. Nuestro ingreso por habitante es inferior al de 1977 y es apenas 30 por ciento del promedio del resto de Centroamérica; el 45 por ciento de los nicaragüenses viven en condiciones de pobreza y el 10 por ciento en pobreza extrema.

Por lo tanto los nicaragüenses en general, y nuestros gobernantes en particular, debemos darle mucha mayor prioridad a ejecutar políticas que 1) aumenten la inversión privada y la productividad, ambas indispensables para acelerar el crecimiento económico y reducir la pobreza de una vez por todas; 2) hagan que el crecimiento económico sea compartido más rápidamente por los pobres; y 3) consoliden la estabilidad macroeconómica que es otro requisito para reducir la pobreza.

Para ser exitosas, estas políticas deben ejecutarse integral y paralelamente. Desde los 1990s, los distintos gobiernos han incorporado algunos de estos elementos en sus programas, pero su ejecución ha sido insuficiente, limitada por la coyuntura política, y a veces inconsequente. Por ejemplo durante la administración actual se ha deteriorado aún más la institucionalidad del país lo que va en contra del crecimiento y la reducción de la pobreza.

También deben tener continuidad y apoyo político, lo que requiere un Consenso que trascienda, en lo fundamental, los cambios de gobierno. Si los nicaragüenses nos unimos para defender cívicamente nuestra soberanía territorial, también debemos hacerlo para reducir la pobreza. El éxito de Chile es un ejemplo palpable de la importancia de la continuidad de políticas acertadas.

El bajo crecimiento de las dos últimas décadas se debe principalmente a que nuestra competitividad/ productividad es muy baja. La productividad, o sea la eficiencia en el uso de los recursos de un país, es el factor clave de su desarrollo, ya que determina tanto el nivel de la inversión como su rendimiento, y por ende el crecimiento, como los salarios reales.

El Foro Económico Mundial reporta que el 80 por ciento de los 139 países que analiza, incluyendo el resto de Centroamérica, son más competitivos que nosotros1. Las causas de nuestra baja productividad son varias pero, en nuestra etapa de desarrollo, las más importantes son nuestras deficiencias institucionales y de infraestructura, y la baja calidad de la educación primaria. En segundo lugar están la baja calidad de la educación general, limitaciones en la competencia, la migración de personal calificado, la falta de financiamiento de largo plazo, y la baja absorción de tecnología.

Para crecer, necesitamos, por lo tanto, resolver estos problemas, y, particularmente, los más cruciales. Creo que los nicaragüenses estamos conscientes de la importancia de mejorar nuestra infraestructura y la educación primaria pero no suficientemente conscientes de la necesidad de mejorar nuestras instituciones, y acabar con la: corrupción, falta de balance entre los poderes del estado, falta de seguridad jurídica, politización de la justicia y el poder electoral, y falta de transparencia. Asimismo debemos mejorar la capacidad del estado para cumplir sus funciones y la calidad del gasto público. Estos esfuerzos deben ser liderados por las autoridades que el pueblo elija, pero también requieren el respaldo de todos los nicaragüenses. Un estudio del Fondo Monetario Internacional estima que si Nicaragua alcanzara el nivel de institucionalidad de Chile elevaríamos nuestro crecimiento anual entre 2 y 4 porciento2. Una reforma institucional no solo mejoraría la seguridad ciudadana, sino que reduciría la pobreza.

Aunque el crecimiento es el factor clave para reducir la pobreza, su impacto depende de la situación de cada país. En Nicaragua, el crecimiento ha tenido un impacto muy directo en la reducción de la pobreza extrema lo que es muy positivo, pero menor en la reducción de la pobreza general. Según el Banco Mundial (BM), durante 1993-2005 por cada 1 por ciento de crecimiento por habitante bajamos la pobreza extrema en 1.1 por ciento, pero la pobreza general en solo ½ por ciento3.

Debemos también, por lo tanto, dotar más rápidamente a nuestros pobres con los activos y habilidades que les permitan aprovechar mejor los beneficios del crecimiento. Aquí dejo que ellos hablen por si mismos escuchando las “Voces de los Pobres” que reporta el BM en su informe sobre la pobreza en Nicaragua. No sorprende que ellos nos digan que sus principales necesidades son: agua potable (14 %); caminos y puentes (12 %); oportunidades productivas—herramientas, insumos, crédito, ganado, mercados locales y centros de distribución (12 %): centros de salud (10 %); vivienda (8 %); electricidad (5 %); escuelas (6 %) y centros vocacionales (5 %).4

Asimismo, debemos mejorar la asignación del gasto social para que los recursos públicos, que son limitados, lleguen más a los pobres. Según el BM, en el 2005 el gasto social no era pro-pobre ya que solo el 45 por ciento del mismo los beneficiaba. Más aun, aunque el gasto social mejoraba en general la distribución del ingreso, algunos gastos como los subsidios a las universidades lo empeoraban. 5 Sobra decir que la asignación del gasto social no debe tener criterios partidistas.

Finalmente, para reducir la pobreza también debemos consolidar la estabilidad macroeconómica sobre la cual afortunadamente hay consenso en el país. Los nicaragüenses padecimos hiperinflación durante los 1980s, pero desde entonces las políticas macroeconómicas se han venido fortaleciendo, y hemos logrado reducir la inflación considerablemente.

Sin embargo, la inflación anual permanece relativamente alta (7-8 por ciento) por lo que debemos consolidar estas políticas para que continúe bajando. Para ello debemos: controlar el déficit fiscal; manejar las empresas públicas con eficiencia; garantizar la solvencia del INSS; respaldar las políticas del BCN para mantener la estabilidad del córdoba; y respaldar las políticas de la SB para continuar mejorando la supervisión bancaria.

La ejecución integral y continua de estas políticas no solo nos traería beneficios económicos y sociales sino que también contribuiría a consolidar nuestra democracia. Por ejemplo, tener buenas instituciones es bueno no solo para la inversión y el crecimiento, sino también para la democracia, y el bienestar y seguridad ciudadana. Asimismo, mayor educación y menor pobreza llevan a una democracia más representativa. Por su parte, una democracia más representativa logra mejores políticas económicas y sociales, ya que hace que los políticos respondan a las necesidades de los ciudadanos. En fin, se genera un círculo virtuoso entre crecimiento, reducción de la pobreza, y democracia.

Carlos Guillermo Muñiz Bermúdez. Director de Funides; sus opiniones son personales.


1 The Global Competitiveness Report 2010-11. World Economic Forum 2 International Monetary Fund. Occasional Paper 257. Economic Growth and Integration in Central America. 2007 3 Banco Mundial. Nicaragua: Informe sobre la Pobreza 1993-2005 4 Ibid 5 Ibid